martes, 9 de febrero de 2010

Pabellón Mies van der Rohe

El pasado sábado empecé a realizar una serie de trabajos de fotografía de arquitectura. Podría parecer un tipo de fotografía aburrida - al menos esa era la idea que tenia- pero bastaron dos horas para darme cuenta que se podían hacer cosas muy interesantes.
Empecé por el Pabellón Mies van der Rohe, réplica del antiguo pabellón alemán en la segunda Exposición Universal realizada en la ciudad de Barcelona en el año 1929.
Me sorprendió que este espacio tan moderno hubiera sido creado hace más de 80 años.
















La anécdota ocurrió cuando habiendo plantado el trípode y encuadrado la imagen dos chicas aparecen y empiezan a imitar el gesto de la estatua, dándole algo más a la foto.Tan solo tuve que volver a apretar el disparador.
No se si la imagen es muy ortodoxa para fotografía de arquitectura, en cualquier caso a mi me interesa bastante y además de describir el espacio lo hace con una cierta gracia por la colaboración de estas 2 simpáticas chicas.

viernes, 5 de febrero de 2010

La búsqueda fotográfica

La búsqueda fotográfica es algo aparentemente muy sencillo. Se trata de coger una cámara de fotos, salir a la calle, encuadrar, enfocar y apretar el botón disparador.
Cuando se ve una fotografía, generalmente el espectador tiene una falsa sensación de que esa fotografía también la podría haber realizado él si hubiese estado en ése lugar. ¡Que gran mentira! Los puntos de vista sobre una escena son infinitos, tantos como fotógrafos que retraten ese espacio.Cada persona tiene su interpretación. Es por ello que muchas veces al ver una buena fotografía se preguntan cosas como ... ¿con que cámara se ha tomado la foto? Curioso...
Me pregunto porqué no preguntan a un escritor el tipo de bolígrafo que ha utilizado para escribir sus textos o la marca del ordenador donde los ha mecanografiado. Navia dixit y Navia tiene razón.
Es difícil encontrar lo que se busca desde un punto de vista fotográfico, si bien es cierto que una vez que se encuentra todo es más fácil.
El fotografiar con intención se nota, el espectador lo percibe, y se da cuenta que esas fotografías no han sido fruto del azar o al menos no totalmente de él. Ha sido un "azar" buscado y encontrado.
Un ejemplo de lo que digo podrían ser estas tres fotografías que hice en el centro de Barcelona, dificilmente alguien podría pensar que estos claroscuros no han sido buscados.

Los hombres que se me acercaron en Estambul... (II)

La persona de la foto se llama Mehmet, le encantaba que conversara con él y le hiciera fotos. Fué una experiencia emocionante.

















La hora azul había llegado en aquel atardecer del mes de julio mientras paseaba cámara en mano por los aledaños del Bósforo un poco más allá del mercado de pescado, cuando .

miércoles, 20 de enero de 2010

Los hombres que se me acercaron en Estambul... (I)

Hoy he estado hablando con un familiar que, como yo, fué a Estambul el año pasado y es curioso porqué ambos teníamos anécdotas que hablaban de la hospitalidad de sus gentes. Los dos estuvimos de acuerdo en preguntarnos para que quieren entrar ellos en Europa, con lo bien que están con la situación que tienen.

En los pocos días que estuve allí observé que las personas tienen una buena predisposición a crear un vínculo a través de la conversación, se muestran abiertos a conocer y lo viven con normalidad. Lo cual para el visitante predispuesto es un lujo. Nunca he encontrado en mis 33 años en Barcelona actitudes semejantes, y eso es una crítica... Aquí la gente permanentemente está alerta y recelosa con los desconocidos.

Era una tarde del mes de julio y ya me disponía a regresar exhausto al hotel después de estar deambulando por los barrios de Fener y Ayvansaray para llevar a cabo mi cometido fotográfico. Para conseguirlo la forma más rápida y barata era cojer el Ferry que debía llevarme a la otra orilla del Bósforo. Había otras 5 o 6 personas esperando en los aledaños de la estación, yo llevaba la cámara colgando y supongo que fué eso lo que encendió la chispa de la curiosidad en un hombre de avanzada edad con mirada cristalina y aspecto bonachón.














© Carlos Prieto


Empezó a hablarme en turco -por supuesto- ni que decir tiene que es un idioma que desconozco en su totalidad pero no fué impedimento suficiente para comunicarnos como podíamos.

Le enseñé el plano de la ciudad que llevaba encima, lo miró atentamente,como si no hubiera visto nunca la cartografía de su ciudad, me señaló donde vivía al otro lado del Bósforo.
Mientras esperábamos le pregunté si podía hacerle algunas fotos, amablemente me contestó que claro... Le sugerí que girara su cabeza un poco para que le diera el sol en la cara a lo que no puso impedimento alguno.














© Carlos Prieto

Seguimos hablando, entendí que tenía problemas de salud, con gesto dolorido me señaló su riñón y las piedras sobre las que estábamos sentados ... Al poco tiempo llegó el Ferry, nos levantamos y recuerdo que lo miré agradecido por la conversación mantenida mientras comprobaba como se iba alejando mientras se mezclaba con los otros pasajeros...















© Carlos Prieto

Una vez en el ferry y habiéndome despedido de mi nuevo amigo, seguí fotografiando y ahora recuerdo todo ello con nostalgia y emoción...














© Carlos Prieto

jueves, 24 de diciembre de 2009

La lluvia sobre Barcelona

Estamos en invierno y hay cosas que son normales para la época del año en que estamos. Es lógico pues que llueva aunque quizás no con esta frecuencia, hace aproximadamente un mes que no deja de hacerlo salvo en días contados en los que incluso puede aparecer un sol esperanzador cuya luz es más brillante y más nítida que nunca.
©Carlos Prieto
Barcelona -cuando llueve- se descontrola, sus gentes se ponen nerviosas, malhumoradas y el tráfico se vuelve imposible. El orden desaparece y surgen los imprevistos. Aparecen los habituales paraguas cutres y baratos rotos por el viento o por su propia naturaleza en cualquier rincón de la ciudad -como éste en la Rambla- o en la papelera más insospechada.
©Carlos Prieto
Estoy seguro que todo esto pasa porqué Barcelona y sus habitantes no estamos muy habituados a la lluvia, nos es engorrosa, cambia nuestros hábitos y nos entorpece.Aunque quizás la chica de rojo no piensa lo mismo, de todos modos.... no tiene aspecto de ser muy barcelonesa...
©Carlos Prieto